MAESTRO EJEMPLAR DE TANCÍTARO

Redacción TancitAreando; Caminar mas de 7 kilómetros todos los días antes de que salga el sol, entre veredas sombreadas por pinos, acompañando el pensamiento con la cautela de la quietud, en el momento menos esperado el ruido de los tractores, trabajadores, camiones de carga y las voces de los trabajadores irrumpen en el ambiente.

 

El maestro llega a su escuela, ante los ojos avispados de los niños, que le esperan con ansiedad de ver a un desconocido en el rancho, un desconocido que se merece su respeto y confianza, la jornada inicia sin uniformes, mochilas, libros, desayuno, pupitres y sin pizarrón, en cambio por las rendijas de las tablas entra el viento frío que baja del cerro grande, el imponente Pico de tancítaro, las bolsas de plástico con su ruido suplen el redoble de los tambores escolares.

 

Los leños, piedras y un comal repleto de tacos de frijoles, requesón y papa, son la mesa servida para acompañar el recreo, un recreo corto para aprovechar el tiempo y el día.

 

Al término de las clases la puerta del salón se medio cierra, se ata un cordón para asegurar el tesoro de los escuelantes, El maestro Jaime se dispone a pasar la tarde conociendo la comunidad, y esperar si esté día habrá comida o no, para en la tarde noche al ocultarse el sol, ir a dormir donde lo acojan

 

El cuarto familiar será compartido con el Profe y la cama muy seguramente o dormirá en el tendido que se les prepara a los visitantes.

 

La noches largas no arrullan a quien es extraño, los aullidos de perros, gatos, el viento, la luz de las estrellas y la luna hacen que sea mas tardado el amanecer, antes del primer rayo de luz el profe inicia su día, el aseo al que puede aspirar es que haya agua fría para lavarse.

 

Ya en el salón, con los alumnos, se percata que falto uno de ellos, le pregunta a su hermanita que donde esta Juanito, la respuesta es que se quedo dormido en el camino, que ella no pudo despertarlo y lo dejo ahí durmiendo, el Profe sabe que algo no esta bien y se apresura a tomar la vereda que va de la Tapiada al Jazmin, a mitad de camino encuentra a Juanito desmayado, al bordo del camino, a unos cuantos metros del barranco. El no  haber cenado la noche anterior ni desayunar por la mañana a su edad de 8 años, y tener que caminar entre veredas no es nada fácil; Juanito decidió no comer, porque su hermanita de 6 años  tenia mas hambre y solo para ella alcanzaba.

 

 

 

Jaime sigue siendo maestro, atiende las comunidades mas alejadas de Tancítaro, los salones mas humildes, habla y escribe en un gran porcentaje la lengua purhépecha, estudia su licenciatura en educación para las comunidades indigenas, enseña lo básico de braille, y se ha especializado en atención a niños con capacidades especiales, Jaime es un ejemplo vivo de los buenos maestros, aquellos que no se detienen ante nada, que luchan y trabajan todos los días por hacer su trabajo, que llegan a donde nadie mas quiere ser docente. 

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